El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ha revisado al alza su proyección de crecimiento económico para el 2026, elevándola a 3.2% desde un 3% previsto en diciembre del 2025. Este ajuste positivo ocurre en un contexto marcado por cuatro desafíos que afectan la economía peruana, reflejando una resiliencia destacable del país.
Según Julio Velarde, presidente del BCRP, la economía inició el año con un impulso significativo, respaldado por una inflación baja y sólidos fundamentos macroeconómicos. Velarde señaló durante la presentación del Reporte de Inflación de marzo 2026 que “la economía venía sumamente fuerte, eso nos está dando cierto impulso” y que se está “entrando con buen pie”.
El crecimiento proyectado responde principalmente a la fortaleza de los sectores no primarios, como construcción, comercio y servicios, que muestran una dinámica positiva gracias a la inercia y a la mejora en los términos de intercambio. Por otro lado, los sectores primarios, afectados por factores externos, presentan un menor ritmo de crecimiento.
Entre los indicadores que sustentan esta perspectiva optimista destacan:
- Un aumento del 6.2% en la masa salarial formal en enero.
- Un incremento del 12.1% en la importación de bienes de capital durante los dos primeros meses del año, manteniendo una tendencia de crecimiento de dos dígitos iniciada en el primer trimestre de 2025.
- Un alza del 12.5% en el consumo interno de cemento en enero-febrero, reflejando la continuidad del dinamismo del sector construcción.
- Un crecimiento del 6.3% en el Impuesto General a las Ventas (IGV) interno.
- Incrementos en pagos electrónicos (13.7%), pagos digitales (6.9%) y uso de tarjetas de crédito y débito (11.5%) en los primeros dos meses del año, indicando una mayor actividad económica y formalización.
Sin embargo, este panorama positivo se enfrenta a cuatro impactos negativos clave:
- Un fenómeno de El Niño débil que afectará la segunda temporada de pesca en la zona norte-centro, la manufactura de harina y aceite de pescado, y ciertos cultivos de la costa norte, especialmente vinculados a la agroexportación.
- La actualización a la baja de las guías de producción minera, que implica menor producción de oro y zinc.
- La caída en la producción petrolera, con solo 12 lotes operativos y paralización de varios lotes, incluido el Lote 95.
- Una emergencia en el suministro de gas natural debido a la rotura del ducto de la Transportadora de Gas del Perú (TGP) en marzo.
Estos factores limitan la expansión de los sectores primarios, pero no logran revertir el impulso generado en el resto de la economía.
El 2026 es un año crítico para el Perú, con elecciones presidenciales a la vista, en un contexto de alta volatilidad política. El nuevo Gobierno tendrá el reto de gestionar estos riesgos mientras mantiene la estabilidad económica.
Información basada en reportes publicados por Gestión.