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Pokémon cumple 30 años: cartas coleccionables alcanzan récords en subastas millonarias

Para inversionistas y analistas de mercado, el fenómeno Pokémon no es solo un ícono cultural sino también una oportunidad de inversión tangible. Desde su lanzamiento en 1996 en Japón con los videojuegos Pocket Monsters: Red y Green para Game Boy, esta franquicia ha evolucionado hasta convertirse en un activo de colección que mueve millones en subastas globales.

Creada por Satoshi Tajiri y Ken Sugimori, Pokémon logró revitalizar a Game Freak y Nintendo, consolidando su presencia en el hemisferio occidental a fines de los 90 con títulos como Pokémon Blue, Yellow, Gold y Silver, junto al lanzamiento de series animadas y cartas coleccionables que hoy tienen un valor significativo en mercados especializados.

La empresa matriz, The Pokémon Company, surgida de la unión entre Game Freak, Nintendo y Creatures, ha reportado ingresos globales acumulados por US$150,700 millones, superando otras franquicias de entretenimiento como Star Wars y Harry Potter, según auditoría de PwC Tokio.

En el mercado de coleccionables, las cartas Pokémon (TCG) se clasifican en categorías que van desde comunes hasta Ultra Rare, incluyendo subcategorías como Full Art e Illustration Rare. Plataformas como ZenMarket y Goldin evidencian que, mientras algunas cartas tienen un valor mínimo, otras pueden alcanzar precios entre US$150 y US$300 (ejemplo: mazo Southern Islands). En subastas exclusivas, lotes de cartas como Pokémon Japanese XY/Sun se han vendido por más de US$55,000 y una carta Pikachu Illustrator alcanzó un récord de US$770,000.

El récord Guinness lo ostenta el influencer Logan Paul, quien vendió una carta Pikachu Illustrator por US$16,492,000 en una subasta en Goldin, demostrando el potencial financiero del coleccionismo Pokémon.

Según Jorge Luis Ojeda, docente de Negocios en la UPC, las cartas más valoradas funcionan como bienes con oferta rígida debido a su escasa disponibilidad, muchas siendo primeras ediciones o tirajes promocionales limitados. “Cuando tienes miles de coleccionistas compitiendo por pocas unidades disponibles, inevitablemente el precio se incrementa”, indica Ojeda.

Para ejecutivos y analistas, este mercado ejemplifica cómo un producto cultural puede transformarse en un activo alternativo con alta demanda y apreciación constante, similar a relojes de lujo, arte contemporáneo o autos clásicos, lo que abre nuevas vías de diversificación en portafolios de inversión.

Información basada en reportes publicados por Gestión.
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